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El silencio daña más
que mil palabras

La importancia de ofrecerle palabras al silencio…

Siempre se ha pensado que lo que nos marca son las experiencias y sí, son importantes, pero no tanto como la incapacidad para hablar acerca de ellas. El silencio es más fuerte que la experiencia y en consecuencia, hace más daño. No expresar nuestras emociones da lugar a la retraumatización, llevándonos a revivir emociones propias del momento traumático en contextos que no son amenazantes. ¿La consecuencia de esto? Se empobrece la autoestima, los vínculos, la salud física y en definitiva, nuestra manera de vivir la vida…. Sobrevivimos, con todo lo que eso implica.

Silencio y trauma

Un trauma se genera cuando nos encontramos expuestos a un acontecimiento inevitable que supera nuestra capacidad para afrontarlo. Es decir, el impacto que produce la vivencia excede nuestros recursos y no procesamos correctamente lo que ha ocurrido. Cuando esto sucede, surge una especie de choque entre lo emocional y lo racional, donde la experiencia no se integra a nuestra historia. A falta de integración, nuestras capacidades lingüísticas se empobrecen y gana el silencio.

¿Qué significa que la experiencia no se integra y por qué es importante esto?

Imagínense la página de un libro que no ha sido encuadernada con las demás… Estás leyendo la historia y de repente te encuentras con un vacío y por esto, la historia empieza a distorsionarse y a carecer de sentido o coherencia. A partir de ahí, esa página queda suelta y aparece e intenta encajar en distintos momentos de la historia pero no donde corresponde. Esto es el trauma: fragmentos del pasado que revivimos negativamente en el presente, generando distorsión e incoherencia en nuestras vidas.

Silencio, trauma y vínculo: la mente se construye a partir de nuestras relaciones y lo que se daña en el vínculo sólo puede ser reparado en el vínculo.

Hay traumas que son puntuales y fáciles de identificar como puede ser un accidente de coche o una muerte, mientras que otros pasan más desapercibidos y se repiten como el maltrato psicológico, generando un estrés crónico que se vuelve tan habitual que anestesiamos la capacidad de notar el daño que nos genera. Este segundo caso se llama trauma complejo y necesitamos hablar más de ello porque en definitiva, alude a las fracturas en los vínculos y cómo estas nos impactan. No olvidemos: la mente se construye en el vínculo y lo que se daña en el vínculo solo puede ser reparado en él.

¿El silencio es gratuito?

De ninguna manera. Por callar nuestras palabras pagamos un precio que a corto plazo parece razonable pero que con el tiempo genera tasas de interés que no compensan la supuesta inversión. El precio del silencio se resume en dos alternativas: nos disociamos o somatizamos.

Disociación

La disociación es un mecanismo de defensa en el cual la mente separa un acontecimiento y su afecto del resto de la psique; la experiencia no se integra a la historia tal como la página del libro que no ha sido encuadernada. Muchas veces no recordamos lo que ha sido disociado y por eso, los terapeutas tenemos la responsabilidad de preguntar con mucho cariño y cuidado sobre la historia traumática de la persona, incluyendo temas tal como el abuso sexual. Frecuentemente, temas como estos se evitan por miedo a la respuesta o por no saber qué hacer con ella. Desde la sociedad hay una denegación sistemática del sufrimiento y cuando no preguntamos, somos cómplices del silencio y por ende, del daño que se perpetúa.

Somatización

En cuanto a la somatización, es el proceso por medio del cual un dolor emocional o psicológico se desplaza al cuerpo físico, manifestándose a través del síntoma. Las dolencias y las enfermedades entonces, se transforman en mensajes que se expresan a través de lo fisiológico porque no ha sido posible el uso de la palabra. En consecuencia, el silencio pavimenta el camino a la enfermedad, además de perpetuarla.

La terapia como aquello que ayuda a enmendar la encuadernación

El trabajo del terapeuta especializado en trauma es ayudar a ponerle palabras al silencio y así, eliminar y sanar los síntomas que han surgido como válvula de escape. Integramos emoción y racionalidad, en ocasiones poniéndole mente al sentir y en otras, liberando la represión que puede suponer el raciocinio. El proceso terapéutico es enmendar la encuadernación del libro, asegurando que cada hoja esté en su sitio. Esto no significa que el libro será perfecto pero sí permite mayor coherencia y en consecuencia, bienestar. Cuando trabajamos esto, la historia fluye y es mucho más entretenida…

¿Quieres saber más acerca del trauma? Te invito a leer mi blog ¿Por qué necesito saber acerca del trauma psicológico?.