Cómo empezar a superar
un duelo
El duelo, duele…
No poder elegir y tener que dejar ir a alguien o a algo que era importante para nosotros duele. Duele mucho. Puede doler hasta el punto de sentir que nos rompemos, que no podemos más con la intensidad emocional ni con esas sensaciones que parecen ir mucho más allá que cualquier palabra. Puede sentirse como una muerte en vida que amenaza con destruirnos pero que no lo termina de lograr. Por más que se ha intentado a lo largo de siglos, al igual que con el amor, las palabras parecen no ser suficientes para describir lo que se siente. El duelo lo conocemos cuando lo vivimos y por más que sepamos que vienen ciertas pérdidas, nunca estamos preparados.
Es fácil reconocer un duelo cuando fallece un ser querido o cuando atravesamos una ruptura amorosa, pero no es solo eso. Atravesamos las fases del duelo cuando estamos ante cualquier tipo de pérdida donde lo que se ha ido era importante para nosotros. Es decir, atravesamos la experiencia de pérdida y abrimos paso a un proceso de cambio vital cuando deja de estar eso que era/sigue siendo emocionalmente significativo. Esto puede sacudirnos, despertando mucho miedo y ansiedad ante la incertidumbre de cómo será nuestra vida a partir de la pérdida.
¿Los duelos son malos?
Solemos pensar que sí (por eso evitamos tanto el dolor), pero no. Los duelos son una parte natural de la vida y representan el cierre de un ciclo, donde dependiendo de qué se ha perdido y la manera en la cual haya sucedido, se redefine nuestra manera de ser. Es muy amplio todo lo que podemos llegar a duelar: parejas, padres, hijos, amigos, proyectos, países, trabajos, expectativas y también maneras de ser o de ver al mundo. El duelo conlleva una parte de dolor incluso cuando se trate de cambios deseados y cuando atravesamos uno, en mayor o menor medida se reactivan duelos anteriores.
El duelo no es algo que se supera, se transita. Imagínense el proceso de duelo como un túnel, en el cual todos tenemos la posibilidad de salir diferentes a cómo entramos. ¿Qué determina esto? No es el tiempo como se suele creer, sino el trabajo personal que estemos dispuestos a hacer durante el proceso. Porque el duelo es justamente eso: un proceso inevitable. Depende de nosotros cómo enfrentarlo, si solos o acompañados, con apertura para sentir o haciendo todo lo posible para evadir.
¿Por qué duele tanto?
Creo que uno de los principales motivos es que vivimos en una sociedad que le tiene mucho miedo a la tristeza, en la cual mostrar dolor es sinónimo de debilidad y la vulnerabilidad se siente como un peligro. Hemos aprendido a intentar no sentir tanto y mostrar menos lo cual, no nos lleva a ningún sitio bueno. Al contrario, nos reprime. Cuando nos reprimimos se logra un alivio a corto plazo pero que sostenido en el tiempo aumenta e intensifica el malestar. Es así que se terminan afectando negativamente las distintas áreas de nuestras vidas, empobreciendo los vínculos e incluso, pueden surgir un síntoma o enfermedad que esconde como trasfondo emociones no procesadas.
¿Qué pasa con el tiempo?
Si bien es importante permitirnos tiempo para sanar, no lo es todo. Cuanto se extiende un duelo depende de cómo regulamos nuestras emociones y cómo afrontamos el estrés. Querer apurar un duelo genera ansiedad y crea dinámicas donde nos castigamos por no “estar bien”. Necesitamos aprender a ser más pacientes con nosotros mismos y en eso, revisar qué nos han enseñado a hacer (o dejar de hacer) cuando sentimos dolor. Quiero enfatizar que cómo enfrentamos el dolor es un aprendizaje que remonta a nuestros primeros vínculos y que las maneras en que nuestros cuidadores conectaban con sus emociones influye en la manera en la cual duelamos.
¿Cómo puedo transitar el duelo?
Este es un tema que seguiré profundizando ya que, es bastante complejo. De todas formas, les dejo tres claves fundamentales para atravesar el duelo de una manera más sana, ayudado a prevenir que se extienda innecesariamente:
1. Willingness
Es un concepto que no tiene traducción literal del inglés pero que significa la disposición a sentir las emociones que nos aparecen. Es una palabra que implica el elegir conscientemente vivir en un estado de apertura a lo emocional. Tomamos la decisión de sentir, incluso cuando eso que puede aparecer sea incómodo, aprendiendo a transitar las diferentes emociones y sensaciones. En un estado de Willingness, lo que nos sucede no se estanca, se vive. Desde este lugar comenzamos a construir una relación más sana con nuestras emociones y consecuentemente, nos sentimos mejor con nosotros mismos y con el mundo.
2. Pendulear
Si permaneces demasiado en el dolor te haces daño de una manera innecesaria. Si evitas el dolor también porque lo que se ignora sólo cobra más fuerza. ¿Entonces? Una clave para atravesar el duelo es poder oscilar entre el dolor y otras emociones. Pendulear es poder acercarse al dolor y luego alejarse, conectándose con lo que nos genera bienestar. Esto te lo puedes imaginar como permitirte estar en posición fetal y llorar para luego llevarte a conectar con un video gracioso. Pendulear es entrar y salir del dolor, reconociendo que es una emoción que tenemos y no que nos tiene a nosotros.
3. Compasión
Es poder mirarte y tratarte con amabilidad, entendiendo que lo que atraviesas es difícil y que lo que más necesitas en este momento no son críticas sino cariño. La compasión es una forma de autocuidado, casi como una filosofía de vida que se resume en tratarte bien. No es lástima ni pena, es un estado de comprensión hacia el dolor y lo que implica, reconociendo el carácter desafiante del proceso que se atraviesa. Se trata de un concepto que suele venir con facilidad cuando se trata de los demás pero que cuesta más cuando es hacia uno mismo. Es paciencia, es amor.