¿Por qué le tenemos tanto miedo a la intimidad emocional?
¿Qué es la intimidad emocional?
Creo que hay tantas formas de amar y de conectar con los demás como personas en el mundo. Si bien hay características que pueden compartirse, todos los vínculos son únicos porque nosotros lo somos. Sin embargo, para que partamos hoy desde el mismo punto, quiero compartirles mi manera de entender a la intimidad emocional.
Me gusta pensar a la intimidad emocional como el mirar y ser mirado, el sentir complicidad, confianza, entendimiento, expansión y por sobre todo, encontrar seguridad en una vulnerabilidad mutua. Esto significa mostrarnos tal cual somos, imperfectos y reconociendo que no hay nada más perfecto y deseable que esa imperfección.
No podemos entendernos por fuera de nuestros vínculos
Desde antes de nacer se gesta en nosotros una especie de marcador que despierta la necesidad de enlazarnos con otros. Cuando nacemos, vincularnos es la única meta. En ese momento, toda nuestra energía vital está puesta en recibir la mirada del otro, estar seguros y sentirnos queridos. Sin eso, no sería posible sobrevivir.
Somos animales de grupo e intentar pensarse por fuera de las relaciones sería anular lo que más nos define. Nuestra participación en vínculos nos antecede y va mucho más allá de la vida que vivimos… Tu historia empieza el momento en el cual se conocen tus padres y se desarrolla hasta la última conversación que se tiene sobre ti.
Nacemos y nos desarrollamos en un contexto de relaciones y son estas donde más felices nos sentimos pero también donde más podemos llegar a sufrir. Es así que creo que ciertas heridas generan que no haya nada más amenazante para el ser humano que la intimidad emocional lo cual, parece absurdo si reconocemos que nuestra biología trae el mandato de conectar.
La paradoja… Quiero pero me da miedo
En este punto, ha comenzado a notarse la paradoja… Por un lado, lo que más anhelamos es la conexión, pero por otro, le tenemos tanto miedo a la intimidad emocional que nos boicoteamos. Encontramos explicaciones para intentar justificar la distancia emocional y así transformamos vínculos con un potencial maravilloso en algo descartable.
¿De dónde viene tanto miedo? Nuestra mente se construye a partir de las relaciones y cuando estas (sobre todo las que hemos tenido en nuestros primeros años de vida) incluyen abandono, rechazo, humillación, traición o injusticia, no nos sentimos seguros con los demás. Cuando ha habido inseguridad en nuestro histórico de relaciones, la intimidad emocional se siente peligrosa. Queremos conectar, pero como han habido desajustes en este proceso, dejamos de ser nosotros mismos y comenzamos a adaptarnos a lo que los demás esperan de nosotros. ¿Para qué? Para evitar la desconexión, es decir, la soledad. Complacemos para hacer felices a otros y así intentar prevenir su ausencia.
En una cultura de ghosting, ligoteos efímeros, situationships y no sé cuántas denominaciones más, la vulnerabilidad es vista como algo peligroso cuando en realidad, es un factor de protección. Sí, la vulnerabilidad nos deja expuestos a la pérdida y al sufrimiento, pero también, es el elemento que nos permite generar lazos que nutren y que tienen la posibilidad de protegernos en momentos donde nuestras propias fuerzas son insuficientes.
¿Cómo comenzar a sentirnos cómodos con la vulnerabilidad? Tres pilares…
Personalmente, creo que la respuesta es tan simple como compleja. Es paradójica, tal como la situación actual respecto a la vulnerabilidad y la intimidad emocional.
Primero, necesitamos aceptar que la vulnerabilidad es una condición inherente a la especie humana. No puedes no ser vulnerable. Segundo, conocer nuestra historia para ver cómo hemos aprendido a conectar (o desconectar) nos permite desarrollar un nuevo lenguaje y tercero, enamorarnos de nosotros mismos es aquello que permite atraer y sostener relaciones saludables.
Ampliando un poquito estas ideas…
Coherencia, mirada y acción
Solemos enamorarnos de cómo nos hacen sentir, proyectamos. La ilusión y la idealización son necesarias en el proceso de enamoramiento pero, no pueden ser todo porque cuando la ilusión pesa más que el placer, la relación empieza a ser tóxica. Entonces, parte del amor hacia uno mismo está en la coherencia y el priorizar las acciones por sobre narrativas encantadoras. Esto tiene todo que ver con reconocer lo que merecemos y honrarlo, pidiéndole al otro pero también dándonos a nosotros mismos. Este pilar del amor propio implica acostumbrarnos a nuestra propia mirada.
El conocimiento del trauma como lenguaje de amor
Considero que otro elemento importante que nos permite sentir mayor comodidad con la vulnerabilidad es reconocer lo maravilloso que es poder compartir nuestro pasado, con sus luces y sombras. Además, conocer el trauma de tu pareja es un lenguaje de amor y permite construir una relación más auténtica y por ende, con más posibilidades de ser constructiva y duradera. Cuando creemos que tenemos que ser perfectos para merecer amor volvemos a abandonarnos, como quizás lo hicieron con nosotros en algún momento.
Autoconocimiento
La vulnerabilidad puede fácilmente conectarse con la dependencia emocional y muchas veces, es necesario revisitar nuestra historia para trabajar modelos de apego que nos pueden estar condicionando. A simple vista, suele ser difícil conectar nuestras experiencias infantiles con lo que nos sucede como adultos. Esto es porque como adultos racionalizamos, mientras que como niños solo sentimos y es el sentir lo que forma parte del inconsciente, determinando la mayor parte de nuestras elecciones. Cuando se trata de la pareja por ejemplo, conscientemente elegimos algunos aspectos pero, inconscientemente elegimos mucho más.
Y para terminar…
En mi despacho, muchas veces me han preguntado cómo evitar que la otra persona se vaya, el abandono, el rechazo, que los dejen de querer, es decir, cómo evitar el riesgo en la intimidad emocional… La respuesta es que no podemos. La clave es soltar el control y confiar en que lo que enamora es la autenticidad, la vulnerabilidad y el amor propio. Cuando la relación que tengo conmigo mismo es fuerte, el otro se va a querer quedar y si no, estaré tan sólido que su partida no me derrumba.