Skip to content

¿Qué está sucediendo
con la terapia?

Hablemos de terapia…

Vivimos en un mundo donde lo digital es protagonista y en el cual la psicología clínica virtual es cada vez es más normal y buscada. Es así que no nos cuestionamos lo accesible que es la información sobre la mente humana, además de lo fácil que es llegar a contactar con un infinito número de terapeutas. Por un lado, esto desestigmatiza el desarrollo personal pero por otro, tantas posibilidades pueden llegar a confundirnos, haciendo muy difícil saber qué elegir y cómo hacerlo. Esto me ha llevado a preguntarme ¿cómo es que existen tantas personas que no logran sostener mejoras terapéuticas en el tiempo o que ni siquiera alcanzan una pequeña parte de los cambios que buscan? 

Creo que hay tres motivos principales detrás de esto:

  1. Soluciones rápidas a temas que requieren de tiempo y profundidad. 
  2. No le damos la suficiente importancia a la salud mental.
  3. Desmotivación y miedo a la hora de empezar a conectar con nuestro mundo interior.

en primer lugar

Los tratamientos simplistas no solo hacen imposible el cambio sino que muchas veces generan daño, reforzando traumas.

Esto implica la idea de que si no se están logrando los objetivos terapéuticos es porque el paciente no tiene la convicción suficiente para cambiar cuando en realidad lo que hace falta es trabajar aquello que impide el cambio (lo cual suele tener su origen en un trauma). Aquello no quiere decir que todo está en manos del terapeuta ya que, tenemos que implicarnos activamente en nuestros procesos para que sean exitosos pero, sí existen fracasos terapéuticos que responsabilizan al paciente cuando el fallo viene del lado de la intervención. En estos casos se ve falta de reflexión por parte profesionales, demostrando vacíos de formación. Es así que, hay una infinidad de terapeutas que tienen un marketing muy atractivo pero irreal, llevándonos a querer encontrar soluciones rápidas a temas que requieren de tiempo y profundidad.

En cuanto a mi historia, me especialicé en trauma y apego porque fui paciente de un terapeuta de este estilo. Su falta de conocimiento sobre estos temas afianzaba creencias limitantes en mí… “No estás cambiando porque estás muy cómoda en tu zona de confort”, era una de las tantas frases que repetía que no hacía más que rascar ciertas heridas de mi pasado, incluyendo las que daban lugar a ideas como, “debería haber hecho algo” y “no soy suficiente”. Sinceramente, salí peor de lo que entré… Sin embargo, gracias a esa experiencia fue que llegué a comprender lo delicada que es la psiquis humana y que para trabajar con ella se requiere de mucho cuidado, conocimiento y por supuesto, de trabajo personal por parte del propio terapeuta para no proyectar sobre el paciente.

Los enfoques breves son muy atractivos pero con el tiempo nos damos cuenta que son callejones sin salidas. 

Cuando llegamos a ese punto podemos rendirnos o seguir haciendo más de lo mismo si no sabemos qué ni cómo elegir algo diferente. Seguir en la misma dinámica puede significar continuar creyendo ciertas ideas sobre nosotros que más que reflejar nuestra realidad, manifiestan nuestras heridas.

Para que un proceso terapéutico sea efectivo no tiene que ser eterno, pero sí es necesario que tengamos un enfoque más realista respecto a los tiempos y lo que implica: no podemos pretender trabajar nuestras heridas más profundas a través de una fórmula en un tiempo récord, más no necesariamente es mejor pero, tampoco es posible sanar grandes dolores con esfuerzos mínimos. Cada persona es única y tiene sus necesidades y tiempos para lograr lo que necesita. Apurar y forzar un proceso personal hace que el síntoma se ancle más, regrese o que se desplace, manifestándose de otra forma e incluso con mayor intensidad.

en segundo lugar

Creo que es difícil saber qué y cómo elegir porque no le damos la suficiente importancia a la salud mental.

A pesar de que existen miles de investigaciones que muestran que lo físico y lo emocional son inseparables, aún resistimos vernos como un todo. Y no solo eso, sino que le damos menos importancia a lo mental, pensando que es secundario o incluso situándose en un lugar muy bajo en nuestra lista de prioridades. Con esto no quiero decir que lo mental es más importante que lo físico, pero sí que van de la mano. 

¿Cómo notamos que solemos darle mucha menos importancia a la salud mental? Pensando en lo fácil que es desistir de la búsqueda del bienestar psico-emocional en comparación con lo físico. Si no nos va bien con un médico, no tenemos problema en buscar otro y si con ese tampoco funciona, seguimos buscando… Lamentablemente, lo mismo no sucede con la salud mental y por eso, tendemos a quedarnos desprotegidos emocionalmente, a merced de los efectos del estrés y del trauma, los cuales aumentan el riesgo de padecer enfermedades físicas además de hacer difícil su mejoría. 

No darle suficiente importancia a la salud psico-emocional también refleja una falta de confianza hacia los terapeutas de la salud mental y creo que esto tiene mucho que ver con lo que leyeron anteriormente. Es muy difícil confiar cuando lo que llega a nuestros ojos y oídos son mayormente fórmulas muy atractivas pero ineficientes.

Trabajo mucho con psicosomática (disciplina que estudia la relación mente-cuerpo) y he visto varios fracasos terapéuticos que han ocurrido porque no se ha tomado en cuenta la dimensión emocional. Las emociones que no se procesan se enquistan en el cuerpo y estas muchas veces encuentran como válvula de escape síntomas o enfermedades físicas ya que, puede ser la única salida para los conflictos internos. El cuerpo es el campo de guerra de las batallas que se luchan en la mente y en definitiva, nos ofrece mucha información. La mente puede inventarse todo tipo de historias, las emociones pueden ser muy confusas pero el cuerpo no miente.

en tercer lugar

Creo que algo que genera mucha resistencia a la hora de iniciar un proceso terapéutico es que existe tanto desmotivación como miedo a la hora de empezar a conectar con nuestro mundo interior.

La mayoría de nosotros venimos de hogares donde las emociones no se expresaban o por lo menos no de una manera sana. Entonces, quizás no hemos tenido la oportunidad de aprender la importancia del bienestar psicológico y emocional ni cómo gestionar lo que nos sucede. Es así que cientos de veces he escuchado en mi despacho que lo que se quiere lograr es dejar de sentir tal cosa o controlar cierta emoción… Las emociones no se controlan, se regulan y la manera de comenzar a hacerlo es reconociendo que necesitamos conectar con ellas para poder transformar el malestar que algunas nos pueden estar generando. 

Esto a nivel teórico suena fenomenal pero también despierta mucho miedo. Aparece el miedo porque no sabemos llevar una gestión emocional saludable ya que, no la conocemos y si no la conocemos, ¿cómo podemos llegar a creer que es algo posible para nosotros? Quizás en nuestros referentes vimos represión, negación o desborde, violencia, descontrol, caos… ¿Por qué sería distinto para mi si comienzo a abrir las cajas donde todo parece estar bien ordenado?, Y si comienzo a remover cosas, ¿me desbordaré?, ¿me sentiré peor de como empecé? Son todas preguntas válidas y basadas en miedos que muchas veces reflejan nuestras necesidades. Sin embargo (y aquí conecto con los puntos anteriores), si comienzo a darme cuenta de lo importante que es la salud mental, seguramente intentaré encontrar a un buen terapeuta, uno con el cual me sienta seguro para conectar e ir abriendo mis cajas, a mi ritmo, con el objetivo de sacar lo que no me esté permitiendo sentirme bien conmigo mismo.

En conclusión

Llegar a la raíz del problema es fundamental porque solo cuando llegamos a ella es que tenemos la posibilidad de lograr cambios que se sostengan en el tiempo. Todo lo demás, son parches.

Los enfoques simplistas son como una gota de agua para alguien deshidratado, es decir, son insuficientes. No podremos comenzar a reclamar más suficiencia si no reconozco la importancia que tiene mi salud mental y esto, va de la mano con que si confío en mi terapeuta y creo que es la persona indicada para acompañarme en un proceso de salud, podré ir más allá de cualquier sensación de miedo y desmotivación.

Y, ¿quién soy yo para hablar de esto?

No soy quién para juzgar a otro profesional o especialista, pero si tengo formación y la trayectoria como para enfatizar la importancia que tiene el trabajar con alguien que tenga conocimientos y recorrido en lo que es la salud mental y emocional. Lamentablemente, he visto varios casos de mala praxis y también, reconozco haber sufrido las consecuencias de confiar en alguien que no comprendía la complejidad y profundidad del ser humano.

A partir del dolor entendí la importancia de hacer un proceso personal y de comenzar a liberar las emociones estancadas que estaban dando lugar a síntomas físicos, emocionales y psicológicos. Gracias a haber experimentado el dolor es que estudié psicología, me especialicé en trauma y dediqué años a aprender cómo cuidar a las personas y ayudarlas de la mejor manera posible.

En cuanto a mi recorrido… Nací en Suecia y me he criado en distintos países: Dinamarca, Sudáfrica, Australia, Estados Unidos, Argentina, Chile y España (en este último vivo hace 5 años). Desde que nací estuve en constante movimiento transitando de un lugar a otro lo cual, me ha dado un fondo internacional y multicultural, permitiéndome conocer, entender, aprender de y trabajar con personas de todo el mundo.

La psicología es mi pasión y mi propósito y considero que no hay nada más gratificante que ayudar a las personas a liberar ese sufrimiento que tanto les ha pesado y condicionado negativamente.